Una niña curiosa en el bosque de Zelaria, comunicándose con criaturas y cuidando su entorno.

El secreto del bosque en Zelaria

Cada maana, cuando el sol apenas pinta la Torre del Viento con su luz dorada, salgo de casa con la certeza de que hoy descubrir algo nuevo. Me llamo Aina, tengo ocho aos y en Zelaria no hay rincon del bosque ni susurro de las hojas que no conozca.

Hoy, el aire trae un aroma diferente. Caminando hacia los Jardines de Luz noto que las sombras bailan con un ritmo extraño, como si quisieran decirme algo. Me siento en el borde de la fuente, donde el agua murmura secretos entre piedras cubiertas de musgo. De repente, un pequeo grupo de mariposas plateadas revolotea a mi alrededor y una me roza la mejilla. Los insectos no suelen acercarse tanto, pero ellas parecen estar guindome.

Sigo la corriente de luz que ellas dibujan entre los rboles, hasta llegar a un claro que no haba visto antes. All, justo frente a m, aparece un extraño animal, una criatura que mezcla la agilidad del zorro con los ojos profundos y sabios de un blo. Me mira sin miedo. En voz baja, le pregunto que hace aqu, en ese lugar fuera del mapa que todos conocemos.

El animal me responde con un gemido suave y huesudo, y algo dentro de m entiende que guarda un mensaje para la Plaza del Eco. No hay tiempo que perder. Corro entre arbustos y flores hasta la plaza, donde las voces retumban en cada piedra, respondiendo a cualquier palabra que pronuncies. All, susurro el nombre de la criatura y escucho cmo mi voz regresa multiplicada por todos los rincones, trayendo respuestas invisibles.

De repente, la plaza se llena de una brisa inesperada que lleva consigo ptalos y notas musicales, y como si eso no fuera suficiente, un espejo de agua aparece a mis pies como si el suelo quisiera mostrarme un reflejo distinto de Zelaria, uno donde lo imposible es cotidiano. Me acerco y veo el bosque atravesado por caminos que se bifurcan hacia mundos que nadie antes se atrevió a explorar.

El animal se sienta junto a m, sus ojos brillan con la promesa de que lo que hemos encontrado debe cuidarse, no contarse a cualquiera. As que guardo el secreto en mi bosque interior, donde cada rbol es un confidente y cada racimo de estrellas un testigo.

Cuando regreso a casa, la Torre del Viento parece inclinarse hacia m en seal de complicidad. Y s que maana, cuando el sol vuelva a levantar su pincel dorado, Zelaria y yo continuaremos este dilogo que solo los que escuchan con el corazn pueden entender.

Nota: Este relato es una obra de ficcin. Los lugares mencionados existen y pueden visitarse.