Desde que tengo memoria, Eldoria es un susurro constante en mi coraz n. No un lugar en los mapas, sino una lengua que habla en los vientos, en las piedras antiguas, y sobre todo, en el latir profundo del bosque que rodea la ciudad. Mi nombre es Serah, tengo nueve a os y mi piel morena recoge el sol de esta tierra como un drag n peque o que guarda tesoros antiguos.
Hoy el aire ten a1a un sabor distinto; se sent aada como el preludio de algo que no se anuncia en las calles ni en los mercados. Camin e9 despacio por The Old Market Square, donde las voces de los mercaderes tej edan historias invisibles entre frutas y telas, y las sombras jugaban a esconder secretos milenarios. Pero mis ojos no estaban en los puestos; estaban fijos en The Crystal Tower, la estructura que parec eda tocar el cielo mientras reflejaba los destellos fugaces del mundo.
He o do mil veces que dentro de esa torre hay un espejo que no refleja lo que ves, sino lo que eres. Nadie ha logrado entrar desde hace a os. Atravesar su umbral es un juego de leyendas y valent as, y a m ed no me intimidaba. Aunque mis pies quer an quedarse atados al suelo de la ciudad, mi mente volaba hacia lo desconocido.
Despu s de caminar por The Old Market Square, segu ed mi rutina hacia The Whispering Woods, un lugar donde los rboles murmuran con voz de tiempo y hojas. El bosque no tiene prisa; m as bien, espera pacientemente a los que saben escuchar. Camin e9 por senderos cubiertos de musgo y encontr e9 un claro donde las ramas se entrelazaban formando una c fapula natural. All ed podr eda intentar lo imposible.
Me acerqu e9 a un viejo rbol, sus raíces enormes como serpientes dormidas en la tierra. Apoy e9 una mano sobre su corteza, y todo cambi f3. El murmullo se volvi f3 un eco claro: un nombre, un susurro que iba m e1s all e1 de las palabras humanas. 1a un hechizo? 1a un secreto? El viento comenz f3 a bajar desde The Crystal Tower, como invit e1ndome a seguirle.
Corr ed en direcci f3n a la torre, sintiendo que un hilo invisible me halaba, que mi curiosidad ten eda alas. Cuando llegu e9 a la base, encontr e9 una puerta entreabierta, un raro misterio en un lugar que deb eda estar cerrado para siempre. El reflejo del cristal no mostr f3 mi rostro; mostr f3 las hojas, las raíces, el latido de Eldoria. Y entonces, entend ed algo tan profundo que no supe c f3mo nombrarlo.
Dentro, una figura envuelta en luz antigua me esperaba. No era ni un fantasma ni un recuerdo: era la ciudad misma, guardiana y testigo de secretos que solo podr edan revelarse a quien ama sin miedo ni prisa. Me entreg f3 una pequeña piedra luminosa, como un fragmento del alma de Eldoria, y con un gesto susurr f3: Gu e1rdala t fa.
Sal ed con el coraz f3n acelerado, sujetando la piedra como un tesoro. En ese momento comprend ed que Eldoria no se descubre con la vista, sino con la intenci f3n, con ese atisbo de valent eda y entrega que te deja entrelazado con cada piedra, cada susurro, cada rinc f3n hasta hacerlo parte de ti. Y yo quer eda compartir ese latido para que otro d eda, otro ni f1o, encuentre lo que yo encontr e9.
Mientras la luz del atardecer ba f1aba The Old Market Square, supe que este no era solo un lugar en el mundo. Era un latido vivo, una historia que espera ser contada y vivida, una canci f3n que el viento repite para quien escucha con el alma abierta.
