Nunca olvido el d a9a en que el cielo de Zythera empez f3 a susurrarme secretos. Mi nombre es Elian, y tengo diez a f1os, cabello rizado que se enreda con el viento y ojos verdes que, seg fan dice mi abuela, reflejan el misterio de esta ciudad. No soy un ni f1o com fan; mis pies han pisado cada rinc f3n olvidado que guardan las piedras, y mi coraz f3n late con la urgencia de descubrir lo que otros no ven.
La ma f1ana que cambi f3 todo fue cuando trep e9 hasta la cima de Skyreach Tower. No era el trazado de su arquitectura ultra moderna lo que me atra eda, sino las peque f1as inscripciones casi borradas en sus faltimos pelda f1os. Dec edan que la torre no s f3lo era un mirador, sino una puerta. Mientras el sol deshilachaba sus rayos dorados sobre Eldoria, yo sosten eda con firmeza las letras que parec edan vibrar bajo mis dedos. En ese instante, sent ed un cosquilleo extraño: el aire comenz f3 a cambiar, como si Zythera murmurara una invitaci f3n.
Baj e9 con esa sensaci f3n de urgencia hasta The Lumina Garden. No se trata solo de un parque com fan. Aqu ed, las luces artificiales no s f3lo alumbran; bailan y cuentan historias a quienes saben escuchar. Me sent e9 junto a un arbusto de flores que parec eda brillar con una luz propia, aunque el sol era pleno. Cerr e9 los ojos, dej e1ndome guiar por los murmullos que solo la quietud puede revelar. Y entonces escuch e9 un latido, un pulso antiguo que no pertenec eda a ning fan ser vivo, sino a la misma tierra bajo mis pies.
Esa pista me llev f3 hacia el Old Rialto Bridge, donde los ecos de miles de pasos se mezclan con el murmullo del r edo. All ed, el reflejo del agua no solo mostraba el rostro, sino tambi e9n fragmentos de lo que Zythera fue. Me agach e9 y met ed la mano en el fr edo caudal; la corriente me devolvi f3 un peque f1o objeto a2un medall f3n con s edmbolos que nadie hab eda visto en siglos. La oscuridad del metal brillaba con un verde similar a mis ojos. Quiz e1s por eso eleg ed mantenerlo.
De regreso a casa, sent ed c f3mo la ciudad se hac eda parte de m ed, y yo de ella. El medall f3n parec eda hablarme en un idioma antiguo, un comp e1s invisible que solo los que habitamos esta tierra logramos percibir. Esa noche, mientras la ciudad dorm eda bajo la mirada atenta de las estrellas, comprend ed que Zythera no es solo un lugar para visitar, sino un enigma para vivir.
Explorar Zythera no es atravesar sus calles, sino descifrar su alma oculta. Y tengo la sensaci f3n de que este medall f3n, y mis ojos verdes, a fan tienen mucho por revelar.
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Nota: Este relato es una obra de ficci f3n. Los lugares mencionados existen y pueden visitarse.
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