Retrato de Lía, una profesora jubilada de 62 años, apasionada por la botánica y la historia local de Santurel.

Santurel: Ciudad de secretos y susurros

Mi nombre es LaDa, y en mis aos de profesora he aprendido que las ciudades no solo se recorren con los pies, sino con la piel, la memoria y el aire que las envuelve. Hoy, sentado en el banco de la Plaza de los Poetas, observo cf3mo Santurel despierta lentamente. No es una ciudad que grite su historia; la susurra con un gesto, un aroma, un suspiro de piedra.

Desde nif1a, el Castillo de Santurel fue para med un lugar de encuentros secretos, donde las piedras parecen recordar las estaciones del tiempo sin pronunciar palabra. No hace mucho, me acerque9 alled con la libreta bajo el brazo, en busca de plantas, no de historias. Queria estudiar aquella pequef1a manzanilla que brota entre la grieta de una torre olvidada. Con cada hoja que tocaba, senteda que historias invisibles me rozaban la piel.

Baje9 despue9s hacia el Puente de la Luna, un lugar que siempre he encontrado inexplicablemente pleno de calma. Alled, el redo susurra y lleva consigo leyendas que nadie quiso escribir. Mientras me apoyaba en el pretil, una sombra pequef1a y e1gil, casi una criatura del agua, emergif3 y dejf3 a mis pies una piedra lisa, perfecta, que no parecía caber en ese paisaje. Me la encontre9 sin querer. La mire9 pensando en cf3mo un objeto tan simple podeda cambiar la percepcif3n de un lugar.

Decided guarecerme bajo la sombra de los olmos en la plaza, para observar la piedra con calma. En silencio, una voz callada me invitf3 a mirar por encima de mis aos, a sentir el latir no solo del presente, sino de lo que estuvo antes. Comprended que Santurel no era un conjunto de edificios o monumentos; era la suma exacta de esos pequef1os actos, de esas entregas cotidianas que nadie anota pero que persisten, como raedces.

Aunque llevo aos fuera de las aulas, este deda en Santurel me recordf3 que todaveda puedo aprender. Porque la ciudad no solo pertenece a los turistas ni a los que buscan su encanto. Es tambie9n de quien se detiene, se asombra y permite que los secretos me1s sencillos la transformen.

Quize1s maf1ana regrese al Castillo, o a la sombra del Puente de la Luna. Quize1s la piedra que recibed me cuente otra historia.

Pero hoy, aqued, en la Plaza de los Poetas, sonredo tranquila, sabiendo que estoy en casa sin necesitar un mapa.


Nota: Este relato es una obra de ficcif3n. Los lugares mencionados existen y pueden visitarse.