Mi nombre es Aina y tengo ocho años. Vivo en Llanover, un pueblo pequeño donde las casas parecen contarnos secretos antiguos a cada paso y los bosques nunca dejan de sorprenderme. Hoy, con la mochila llena de curiosidad y un viejo cuaderno, salí sin decirle nada a mi mamá, porque sabía que tenía que descubrir algo que me estaba llamando.
Empecé en Llanover House, esa grande casona que siempre me ha parecido un poco triste, con sus ventanas altas y su jard n que se enreda en el tiempo. Mientras caminaba entre sus rboles, not un brillo extraño detr s de uno de los arbustos. Me acerqu y encontr una llave vieja, oxidada, con dibujos que parec an r os y monta as, como el mapa de un tesoro escondido. La recog con cuidado, pensando qu podr a abrir.
Decid ir hasta el Abergavenny Museum; mi mam me hab a llevado una vez y recuerdo los relojes antiguos y los objetos que guardaban historias largas. Caminando por el sendero, sent el viento que tra a el aroma de la tierra mojada, mezclado con el eco lejano de los cencerros. Al entrar al museo, busqu a un hombre mayor que pare a saberlo todo, y le mostr la llave. 2l la mir con asombro y me dijo que no la hab a visto antes, pero que podr a pertenecer a algo en Sugar Loaf Mountain, la monta a visible desde cualquier rinc n del pueblo, como un guardi n de todos nosotros.
Subir Sugar Loaf ese d a fue m s dif cil de lo que imaginaba. Con cada paso, escuchaba las ra ces crujir y sent a la piedra bajo mis botas. En la cima, el viento era fr o y parec a que el mundo se extend a en un cuadro pintado solo para m . Busqu entre las rocas y encontr una peque a caja met lica, oxidada pero protegida por un candado que encajaba perfecto con mi llave. Con las manos temblorosas, abr la caja y dentro hab a una carta, escrita con tinta casi invisible, que hablaba de un lugar secreto donde las leyendas del pueblo comenzaban: un c rculo de piedras escondido en el bosque, un sitio donde la naturaleza y la historia se entrelazan sin que casi nadie lo sepa.
Sent que mi coraz n lat a fuerte, no porque hubiera encontrado un tesoro de oro o joyas, sino porque ese lugar olvidado me pertenec a ahora, porque pod a protegerlo y entenderlo. Baj la monta a con el cuaderno lleno de dibujos y palabras, pensando en c mo contarle al mundo que en Llanover hay m s historias que mirar, que sentir, y que respetar.
Cuando volv a casa, la noche ya cubr a el pueblo con su manto oscuro. Guard la caja en mi escondite y mir por ltima vez la silueta oscura de Sugar Loaf. Sab que ma ana volver a salir, porque en cada hoja, en cada piedra, en cada susurro del bosque, hay un secreto esperando a quien quiera descubrirlo.
